- Estás ausente, mi ama.
- Sobre la ausencia ya escribió Pablo Neruda, Lucrecia. Estoy enamorada, ¿acaso puede haber más dolor en un corazón que el sentimiento de un amor imposible?
- Oh, mi ama, ¿de verdad es aquel rumor cierto y te pretende un noble inglés?
- No es él quién me preocupa. El mundo gira alrededor de un joven artista español.
- ¡Oh! ¿Y cómo se llama ese creador de infortunios?
- Sólo el silencio pronuncia su nombre, y únicamente las palabras pueden escucharlo.
- Menuda desgracia.
- No, desgracia es la historia de Romeo y Julieta, que escribió William Shakespeare. El problema es que la misma tinta que utilizó el escritor es la que ahora dibuja el contorno de mi roto corazón.
- No deberías perder la cabeza por un hermoso romance de primavera. Lo mejor sería que dejaras de desvariar y corrieras a saludar a Lord Blunt, que te espera en el salón.
- Dígale que no bajaré. Oh, Lucrecia, yo sé que él volverá. Me lo ha dicho el rocío de la mañana.
- Pues más vale que esa escarcha temprana tenga razón, que un problema lleva a otro problema, y yo ya estoy demasiado mayor para intentar mentir al destino.
- Ahora calla, Lucrecia. Baja y comunícale a mi invitado que estoy indispuesta, y que no podré atenderle esta tarde. Deja que estas palabras se conviertan en polvo, en cenizas que se lleve el viento. Permite que otros labios lejanos pronuncien estas palabras, y así, persona a persona, se repita por todo el mundo el comienzo a otra desgracia. Pues William Shakespeare fue el creador del río del amor, y desde entonces cada día en todos los lugares del mundo crecen afluentes. El amor siempre irá acompañado de la esperanza, pues el tiempo pasa, y cada vez son más los amantes olvidados, pero la esperanza es el único fuego que mantiene vivo el calor del amor.
La vida está llena de palabras que quedan en el olvido, ya sea por miedo a decirlas, o por creer que no servirán de nada. Es como enviar una carta sin poner el nombre de la persona a la que va dirgida. Bien, pues este blog es un bahúl de recuerdos perdidos. Ahora sí, cada letra tendrá un futuro, cada sentimiento será expresado, y al fin, las cartas llegarán a su destino.
domingo, 9 de enero de 2011
Shakespeare
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