Ser arrastrado por el viento a cualquier lugar...
o enterrado bajo las sábanas de la cama.
Formar una casita bajo la almohada,
o esconderte detrás de una cortina.
Creerte invisible,
como los niños cuando se tapan la cara,
esperando a ser encontrados...
Y reír en el reencuentro,
para después volver a huir.
Meter las lágrimas en un bote de pintura,
para probar a cambiarles el color,
y disimular las penas.
Cerrar muy fuerte los ojos,
para ver destellos en la oscuridad.
Alejarse de la realidad,
correr hacia cualquier lado,
huir de todo lo normal...
Sentir el retumbar del pecho en toda la habitación,
y temer ser delatada.
Sentimientos aglomerados dentro,
luchando por escapar.
El miedo roza tus dedos,
te hace temblar de inseguridad.
Palabras que se acumulan en tus labios,
soñando con ser expresadas.
Pero una vez más, llega el temor.
Forrado con extrañas ilusiones,
se encuentra el confundido corazón,
debatiendo si sonreír o llorar.
Quizás sea el momento de dar rienda suelta a los impulsos,
de vivir el presente como los grillos,
ser holgazanes y atrevidos,
y no previsores como las hormigas,
que trabajan siempre pensando en el futuro.
Quizás la coleta se cansó de sujetar el pelo,
también las camisetas anchas quisieron apretarse un poco,
tal vez sea el momento de gritarle al viento
que no tienes miedo,
y que si le apetece,
puede venir a pasar la noche...
La cama se ha quedado grande
tras haber echado a las inseguridades.
Ya puedes ocuparla.
Te espero.
La vida está llena de palabras que quedan en el olvido, ya sea por miedo a decirlas, o por creer que no servirán de nada. Es como enviar una carta sin poner el nombre de la persona a la que va dirgida. Bien, pues este blog es un bahúl de recuerdos perdidos. Ahora sí, cada letra tendrá un futuro, cada sentimiento será expresado, y al fin, las cartas llegarán a su destino.
martes, 14 de junio de 2011
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Te quiero.
Neverland
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Fumo y consumo el humo
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