Quizás porque las palabras se las lleva el viento
no sé cómo empezar a escribir.
Desde mi nube particular
quiero gritarle al resto de las nubes
que me duele el pecho de ser tan feliz
y que nunca he sentido dolor tan dulce.
Los colores giran a mi alrededor
y me envuelven,
tapan mis ojos, impidiéndome ver la realidad,
y acarician mi ombligo, llamándolo por su nombre.
Mago de Oz dijo una vez una sabia frase:
si puedes definir el odio o el amor
amigo que desilusión.
Que razón que tiene el tal Andrea,
ojalá pudiera fundirme en sus versos.
He llegado a tocar con un dedo
el más increíble callejón,
y no he querido salir de ahí nunca.
Por más que lo intento
sigo sin saber cómo transmitirlo todo.
Quizás deba quedar entre yo y mi Pepito Grillo.
Y es que no existe droga que necesite más
que la que prefiero no nombrar.
Creo que meteré todos los cosquilleos
en una cajita,
al igual que las sonrisas llamativas,
y te la regalaré.
Algo me dice que ya es tuya,
pero aún sigue bajo las sábanas de mi cama,
tiene miedo de salir,
¿por qué no vienes a buscarla?
Me han hablado de numerosos callejones
que están aún por visitar,
tengo preparada la alfombra mágica,
¿por qué no te subes y volamos a algún lugar?
La vida está llena de palabras que quedan en el olvido, ya sea por miedo a decirlas, o por creer que no servirán de nada. Es como enviar una carta sin poner el nombre de la persona a la que va dirgida. Bien, pues este blog es un bahúl de recuerdos perdidos. Ahora sí, cada letra tendrá un futuro, cada sentimiento será expresado, y al fin, las cartas llegarán a su destino.
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Te quiero.
Neverland
Lost control
Fumo y consumo el humo
Love makes music.

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