Dejé de contar las cartas hace tiempo, cada vez eran más, y aunque soy consciente de que ninguna de ellas te llegarán, necesito escribirlas, y contarte, de un modo u otro, cuáles son mis sentimientos.
Las envío río abajo, esperando que sigan tu camino. Te vi ahí por última vez, vestido de blanco, guapo, obviamente, pero con los ojos cerrados. Acostado sobre un lecho de hojas y ramas, que prenderían poco después, para desearte un buen viaje a la otra vida.
No recuerdo el tiempo que ha pasado, y tampoco es que me importe, pues sólo aguardo, y con impaciencia, el día en el que nuestras almas vuelvan a encontrarse.
Cuando te marchaste, la soledad me invadió por dentro, y se fue alimentando de los trozos en los que estaba dividido mi corazón, de las mínimas esperanzas que me quedaban, del recuerdo de cómo sonreír, y del brillo de mis ojos.
Sí, si te preguntas alguna vez si te sigo queriendo, mi respuesta es sí, y siempre lo será. Bebí de tus recuerdos hasta que un día acabaron, y cuando esto ocurrió, preferí morir de sed a beber de otras aguas.
Aún estoy aquí, pero no por mucho tiempo. Sé que pronto moriré, muy pronto, y seguiré tu camino por el río. Entonces, todo lo que la tristeza me ha arrebatado me lo devolverá, y al fin, después de una desgarradora espera, podré sonreír.
Ánimo con este blog, con tus cartas, tus poemas. Ánimo, preciosa, con todo lo que hagas.
ResponderEliminarEntraré de vez en cuando a darle de comer a tus pececillos azules.
Un abrazo
Lo mismo digo, digo lo mismo.
ResponderEliminarYA era hora de que te hicieses uno.
<3