La vida está llena de palabras que quedan en el olvido, ya sea por miedo a decirlas, o por creer que no servirán de nada. Es como enviar una carta sin poner el nombre de la persona a la que va dirgida. Bien, pues este blog es un bahúl de recuerdos perdidos. Ahora sí, cada letra tendrá un futuro, cada sentimiento será expresado, y al fin, las cartas llegarán a su destino.


"Inventé mil maneras de perder la cabeza, es más sencillo así."

viernes, 17 de diciembre de 2010

No me gustan las naranjas.

Compraré un coche que sea amarillo,
iré dejando monedas de un céntimo por la calle,
abriré mi paraguas en una chocolatería,
pediré deseos al arcoiris,
daré un beso de gnomo,
buscaré mi reflejo en la parte trasera de un cristal,
le quitaré la agujas a mi reloj,
haré aparecer monedas tras tu oreja,
intentaré cazar una estrella fugaz.
Te amaré desde el primer diente de mi sonrisa hasta la última pestaña de mis ojos,
pero fingiré no hacerlo, como fingen los padres el día de reyes.
Soñaré contigo cada día, y dejaré de hacerlo cuando salga el sol.
Por último, esperaré a que sueñes con el sonido del agua al romperse,
para besar una vez más tu nariz
y deslizarme, como una sombra, por debajo de la puerta.
El sol habrá salido, y yo, la cara trasera de mi cuerpo, seré ocultada por mi pelo hasta la noche siguiente.
Y es que, realmente nunca creí en el color de las naranjas,
ni tampoco en sus medios,
por eso prefiero ser una mandarina.
Y es que, si algo aprendí cuando la mariposa dejó de volar,
 es que la media naranja no existe,
pero quién sabe, quizás sí la media mandarina.

Sueña


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