Sé que nunca estoy donde debo estar, y que la sonrisa se la doy a la persona equivocada.
Sé que nunca miré hacia atrás con pena y jamás dije perdón.
Sé que me puse la peor camiseta, que llamé al timbre del peligro y esperé a que abriera, guiñándole un ojo al verle.
Sé que hice salir a la luna por la mañana mientras jugaba con el sol en mi cama.
Y no, de mi boca no salió un arrepentimiento.
Nunca jugué con las nubes, pero les quité la lluvia, encerrándola en mi botella, que más tarde saboreé.
Y hablé con los pétalos, dejando las flores sólo con rabos. Pretendí jugar a un juego de dos con el diablo, quise enamorar y terminé enamorada.
Y ahora que he perdido el juego, miro hacia atrás, pidiendo perdón a un mundo que no me lo dará.
Pero aún así me levanto cada mañana, y desafío al mundo con la mirada.
Sigo sonriendo al viento y lo invito a pasar la noche.
Esta es mi vida, es mi lugar, y seguiré jugando a mi juego todo el tiempo que sea necesario.
La vida está llena de palabras que quedan en el olvido, ya sea por miedo a decirlas, o por creer que no servirán de nada. Es como enviar una carta sin poner el nombre de la persona a la que va dirgida. Bien, pues este blog es un bahúl de recuerdos perdidos. Ahora sí, cada letra tendrá un futuro, cada sentimiento será expresado, y al fin, las cartas llegarán a su destino.
miércoles, 4 de mayo de 2011
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