Hoy, al levantarme, el mundo caía sobre mí, con su gran peso, y aplastaba mis sentidos, dejándome tan sólo la fuerza para coger la mochila y salir de casa.
No quería entrar, algo me impulsaba a no hacerlo. Pero lo hice. Y ahí estaba él, alguien que yo había sacado ya de mi cabeza, de todos los modos posibles. Pero me habló, y yo caí una vez más. Estaba cansada y no dije mucho.
Terminó una hora. Y pasé a la siguiente. Los ojos se me cerraban del sueño, Morfeo había venido a llevarme con él.
El recreo fue lento y triste. Las palabras no salían de mi boca. Las piernas no respondían a mi llamada.
Te volví a ver, y mis ojos, como por arte de magia, se abrieron de golpe. Las ojeras desaparecieron y mi corazón comenzó a latir de nuevo. Se me iba a salir del pecho. Nos reímos, te miré, me enamoré.
¿Te odio? Un poco, pero simplemente porque no quiero quererte.
Ismael Serrano decía algo así como... sí él se va cultivemos el odio, declaremos la guerra. Pero puede que todo cambie, que el futuro abra ventanas a la esperanza. Espero impaciente la siguiente entrada. Un saludo desde Cieza.
ResponderEliminar