Cuando llegué, tenía el mundo en mis manos, y lo apretaba fuertemente contra mí.
Labios, imposibles de contarlos todos, a cada cuales mejores que los anteriores.
Cerveza, perdí la cabeza por ella.
La cama, se convirtió en mi nueva casa. Apenas salía de ella. Las paredes estaban hechas de plumas de almohada y el techo era una gran sabana blanca, que nos resguardaba del frío.
La única ropa que vestíamos eran unos calzoncillos y un conjunto de chica, que únicamente usábamos cuando hacíamos batallas de ropa interior, para terminar, una vez mas, riendo, entrelazados, y llenos de ilusión.
Al principio éramos dos, y me gustaba, pero sugeriste invitar a tu mejor amigo. Acepté. No sé decir con claridad si fue porque llegó el verano, o por el nuevo miembro en la cama, pero sé que el calor recorrió mi cuerpo, y me sentí más viva que nunca.
De vez en cuando estábamos otra vez solos, y también me gustaba.
Te quería, la risa alimentaba nuestros corazones, y las manos remarcaban nuestro amor.
Esperaba que fuera una época pasajera, que el calor desapareciera con el invierno, y que pronto volviéramos al frío y gris mundo, donde no hay espacio para "naked battles", pero lo cierto es que, cuando tú creciste y decidiste cambiar mi sábana por un aburrido periódico, tu amigo me llamó, y la fiesta continuó. Las batallas no cesaron, y la risa es mi tono de llamada. ¿Qué más podría pedir? Soy joven y tengo la pasión en el cuerpo
No hay comentarios:
Publicar un comentario