Con los ojos cerrados, repaso cada una de tus facciones. Empiezo por los ojos, tu nariz especial, tus mofletes pronunciados y finalmente... tus labios gruesos. Aquellos que yo saboreé todo el tiempo que me permitiste.
Y ahora... te veo tras de mí, oigo tu voz suave, y me dejo envolver en una fantasía imposible. He pensado tantas veces en lo fácil de una declaración de amor. Tan sólo se necesitan dos palabras: Te quiero.
Lo hice. Lo solté. Mi titubeante boca las pronunció. Creo que hasta los pelos de tu barba se te erizaron.
Tú ya no eres mío, y yo jamás lo comprenderé. Mi peinado ha cambiado, mi cuerpo ha cambiado, pero lo más importante, es que yo también he cambiado.
Ya no soy esa niña dulce y juguetona de la que te enamoraste. Ahora no lloro con tanta facilidad, guardo las lágrimas bajo la almohada. Camino con la cabeza alta, y muevo las caderas más a menudo. No me verás derrotada, no al menos otra vez.
Pero si pudiera... si tan sólo me dieras una tercera oportunidad... no tardaría en volver a ser yo misma. Porque tenerte me hizo volar y no tenerte es como caer cada día, y cada vez las caídas son más fuertes. Me hizo fuerte el fingir que no te quería, y ahora que lo he soltado... mi cama se ha empapado de lágrimas guardadas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario