Era la sensación de confianza lo que me gustaba.
Ahora no creo que haya oreja alguna capaz de escuchar el significado de mis latidos y el por qué de mis acciones. A veces me descubro a mí misma analizando una locura del día anterior, como si de otra persona se hubiera tratado, cuando en realidad, el corazón sigue estando en el mismo lugar que siempre.
¿Barriga cervecera? Reconozco los indicios en el elástico del pantalón. Miro la botella, esperando encontrar en el interior los recuerdos ahogados, pero en ella sólo veo espuma, que moja mis labios, esperando ser secados por cualquier persona.
Y es que, mis dedos aún no han asumido la derrota. No pueden hablar de un renacuajo cuando saben que sigo prendida de un sapo.
Cabinas rojas hay muchas en Londres, y yo he querido utilizar la de color verde, aún sabiendo que estaba fuera de servicio. A falta de una, uso otras, pero al final del día, siempre vuelvo a comprobar si han arreglado, para mí, la cabina de color verde sapo.
De momento, la avería es más fuerte de lo que nunca imaginé. Cabinas rojas, abrirme las puertas esta noche, hoy no quiero volver sola a casa.
La vida está llena de palabras que quedan en el olvido, ya sea por miedo a decirlas, o por creer que no servirán de nada. Es como enviar una carta sin poner el nombre de la persona a la que va dirgida. Bien, pues este blog es un bahúl de recuerdos perdidos. Ahora sí, cada letra tendrá un futuro, cada sentimiento será expresado, y al fin, las cartas llegarán a su destino.
domingo, 8 de mayo de 2011
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